Los días previos a este post han sido inquietos ante la posibilidad de tener que ser objeto de una exploración de orificios. Finalmente, todo se ha quedado en un susto y en una leyenda que continúa. Desde el momento en que nos dijeron que teníamos que hacernos un examen médico para obtener nuestra nueva visa nos vinieron a la mente todo tipo de imágenes de hospitales y personal sanitario chino para rodar una película digna de mención en el Festival de cine de terror de Sitges.
El día D llegó y todas las expectativas que había levantado se vinieron a bajo. El hospital en cuestión se encontraba en una zona residencial de Shanghai, estaba limpio, el personal hablaba inglés y el silencio era notable en la sala de espera. Lo que más nos impactó fue ver una zona del mostrador reservada para realizar el pago por el examen médico. En ese momento nos acordamos de nuestro sistema sanitario. España no es un lugar tan oscuro y atrasado para vivir.
El examen médico consistió en las pruebas típicas en este tipo de reconocimientos. Control de peso, de altura, presión sanguínea, análisis de sangre, electrocardiograma, ecografía y pruebas de visita. Sin noticias de la exploración de orificios. A lo largo de un pasillo con puertas a sus lados, los examinados, vestidos con una impersonal bata blanca, nos cruzábamos entrando y saliendo, mientras comentábamos qué nos acaban de hacer (nos encontramos con dos chicos españoles, de Bilbao y de Málaga). Los resultados los tendremos en unos días, confiamos en que todo vaya bien. No queremos imaginarnos a un medico chino explicándonos cualquier tipo de anomalía en nuestro cuerpo.

Este inquietante examen pasó a un segundo plano los tres días que disfrutamos, de nuevo, de la frenética Hong Kong. Los motivos de la visita se contaban con solo dos dedos, uno era esperar esa larga cola de gente frente al consulado chino para conseguir el cambio de letra en la visa. La otra era la adquisición de un capricho. Hubo tiempo para todo. Días de sol, buena temperatura y muchas ganas de hacer un ¨break¨ en nuestra rutina.
Las vistas del skyline esta vez también las disfrutamos desde la ventana de nuestra habitación. Cogimos el tranvía tantas veces como filipinas había el domingo en las calles de HK. Repetir nunca es malo si es en algo que te gusta, así que volvimos a Temple Street a comer cangrejo en un ambiente que recuerda a la película de Jeremy Irons ¨La Caja China¨. Pero todo viaje necesita alimentarse con nuevos lugares y esta vez fue la visita a la isla Lamma, la hermana mayor de Cheung Chao y con una recogida playa para darse un chapuzón (qué pena habernos olvidado el bañador).
Tres días, dos noches. Una escapada que se convirtió en una inyección de energía para afrontar este último mes antes de ir a España.
Palabra: Respiro
Cita: Ya lo avanzó el ensayista estadounidense Elbert Hubbard: "Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas".
Síguenos en: www.cambaluc.com
El día D llegó y todas las expectativas que había levantado se vinieron a bajo. El hospital en cuestión se encontraba en una zona residencial de Shanghai, estaba limpio, el personal hablaba inglés y el silencio era notable en la sala de espera. Lo que más nos impactó fue ver una zona del mostrador reservada para realizar el pago por el examen médico. En ese momento nos acordamos de nuestro sistema sanitario. España no es un lugar tan oscuro y atrasado para vivir.
El examen médico consistió en las pruebas típicas en este tipo de reconocimientos. Control de peso, de altura, presión sanguínea, análisis de sangre, electrocardiograma, ecografía y pruebas de visita. Sin noticias de la exploración de orificios. A lo largo de un pasillo con puertas a sus lados, los examinados, vestidos con una impersonal bata blanca, nos cruzábamos entrando y saliendo, mientras comentábamos qué nos acaban de hacer (nos encontramos con dos chicos españoles, de Bilbao y de Málaga). Los resultados los tendremos en unos días, confiamos en que todo vaya bien. No queremos imaginarnos a un medico chino explicándonos cualquier tipo de anomalía en nuestro cuerpo.
Este inquietante examen pasó a un segundo plano los tres días que disfrutamos, de nuevo, de la frenética Hong Kong. Los motivos de la visita se contaban con solo dos dedos, uno era esperar esa larga cola de gente frente al consulado chino para conseguir el cambio de letra en la visa. La otra era la adquisición de un capricho. Hubo tiempo para todo. Días de sol, buena temperatura y muchas ganas de hacer un ¨break¨ en nuestra rutina.
Las vistas del skyline esta vez también las disfrutamos desde la ventana de nuestra habitación. Cogimos el tranvía tantas veces como filipinas había el domingo en las calles de HK. Repetir nunca es malo si es en algo que te gusta, así que volvimos a Temple Street a comer cangrejo en un ambiente que recuerda a la película de Jeremy Irons ¨La Caja China¨. Pero todo viaje necesita alimentarse con nuevos lugares y esta vez fue la visita a la isla Lamma, la hermana mayor de Cheung Chao y con una recogida playa para darse un chapuzón (qué pena habernos olvidado el bañador).
Tres días, dos noches. Una escapada que se convirtió en una inyección de energía para afrontar este último mes antes de ir a España.
Palabra: Respiro
Cita: Ya lo avanzó el ensayista estadounidense Elbert Hubbard: "Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas".
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