jueves, 5 de febrero de 2009

Beijing suena a Placebo



Música que conmueve y motiva. Una primera limpieza en una casa que no era tuya se convierte en una ardua tarea que necesita de palabras a modo de canciones. Lo que antes significó Everything but the girl, ahora lo hace Placebo.

Retando al imaginario colectivo chino que dice que al barrer se puede expulsar a la buena suerte del hogar, hemos pasado los últimos días. Poner a punto nuestro nuevo, ampliado y mejorado centro de operaciones ha llevado su tiempo. Poco a poco los resultados salen a luz, dejando atrás una capa de mugre más que curiosa. Momentos en los que madres y abuelas han sido recordadas con cariño y comprensión.

Tres días después, nuestro piso se acerca más a lo que realmente es, un hogar. Una cabecera de la cama decorada, una despensa repleta de arroz y pasta donde los productos occidentales (que aquí suponen verdaderos caprichos) son tan escasos como valorados. Las tormentas de arena aún no han llegado a Beijing este año pero nosotros hemos podido intuirlo. Recogedores llenos de polvo y suciedad entre descanso y descanso, aquellos que nos están haciendo comprender las réplicas recibidas en Rivas y la Alameda. Y entre tanto, la inspiración viene volando directamente a través de nuestra ventana y nos hace sonreír. “¿Te parece si ponemos en esta pared la foto que hicimos en Madrid?” o “Este rincón es perfecto para disfrutar de las vistas si ponemos esto otro”. Y es que rincones donde perderse dentro de la propia casa, no le faltan. Cada día que pasa, nos gusta más la sensación de mirar al norte, una dirección que siempre orientó a los que estaban perdidos pero sabían adónde querían llegar.

El distrito de Chongwen, en el cual tenemos el honor de residir, es chino por los cuatro costados. El juego de las diferencias resulta absurdo cuando traspasamos el umbral de la puerta del apartamento 1701.

Tangos y coplas dicen qué “la distancia es el olvido”, resulta que Beijing no es que esté lejos, más bien lo siguiente, y el recuerdo de aquellos de los que nos separamos está más vivo que nunca. Creemos que al olvido no se llega, sino que se va, se va si uno no pone de su parte para evitarlo. Este blog que con tanta ilusión creamos cada noche iluminada de rojo en Beijing es nuestra manera de decir “gracias”. Decimos gracias cuando lo que queremos expresar es un “os queremos”.

lunes, 2 de febrero de 2009

Zài Beijing women de jia 家


Desde una planta 17 vemos un nuevo Beijing. Una percepción diferente de esta ciudad que, ahora sí, llamamos hogar. Hoy uno de nuestros útiles contactos, el agente inmobiliario hongkonés, Rymond, nos ha hecho entrega de nuestras primeras llaves. Una independencia provocada como consecuencia de esta aventura. El cosquilleo ha invadido nuestros estómagos esta mañana, cuando hemos entrado a una sala donde el papel estaba escrito en chino. Un contrato lleno de simbología traducido a un inglés jurídico que debíamos entender. El gusano parecía hacerse más grande por minutos. Ahora, uno de nosotros entiende a sus amigos y su ilusión de comprar una casa, un hogar propio que decorar. Libertad, independencia y riesgo son tres palabras que han de ir de la mano para que cobren sentido. El paso necesario para madurar, para reflexionar. Y qué mejor fecha que la de hoy, un dos de febrero que se viste de cumpleaños. (¡Felicidades! Hoy te echo más de menos).

La simple compra de utensilios para nuestro hogar ha llegado a ser un nuevo viaje. ¿Cómo pedir un recogedor a una dependienta china? Muy fácil… barriendo todo el Chaleful y después haciéndole gestos para indicarle que nuestro deseo es recogerlo. ¿Detergente? El más barato. Uno que aparentemente pone que limpia y que incluye desinfectante pero que seguramente no elimine todas las manchas. ¡Consejos, por favor! Sólo equivocándonos llegaremos a ser unos verdaderos occidentales independientes (eso sí, no temáis que no experimentaremos con nuestros más preciados tesoros).
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Hemos disfrutado cruzando sobre el puente Guangqumennei Dajie cargados con productos, un cómico menaje, toallas de baño muy en la línea Cuéntame, además de una sartén y una olla para cocinar, quién sabe cuándo y qué. Y es que todo ese trajín ha supuesto una dosis de normalidad a esta aventura cargada, en ocasiones, de tintes esperpénticos.

Un café a orillas de un lago helado, el Club Obiwan, y algo menos de 70 m2 tienen la culpa de que hoy seamos tan felices. Siempre nos quedará la duda de si ésta es la mejor opción. Desde aquí, os hacemos saber que siempre estaréis invitados a nuestro nuevo hogar (el jamón ibérico y el queso curado nos siguen gustando). ;p

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