Recuerdo que los lunes después del colegio mi hermano y yo íbamos a casa de mi abuela a pasar la tarde, mientras mi padre jugaba su partida de mus con sus amigos de toda la vida. Desde el balcón del piso veía la fachada del cine San Blas y no acertaba a saber donde se reunían los Pesas, Toñín, Bermúdez, “El Barbas”, Jacinto, Antonio Cañete, “Perlita”, y Galo. Un día, nuestro padre nos invitó a conocer aquel misterioso lugar. Se encontraba en el sótano de un bar. Había una mesa cubierta con un tapete y unas sillas a su alrededor, entre cajas y demás trastos. El ambiente estaba impregnado por el humo de los cigarrillos que se consumían con la misma velocidad que se lanzaban órdagos. Las botellas de cristal de Coca-cola y tónica de las que bebían estaban por la mitad, sin embargo, los vasos rebosaban. Éramos niños y aquella imagen nos convertía en tipos duros. Parecía que estuviéramos dentro de una película de mafiosos.
Conocía bien a los acompañantes de aquella timba semanal de mi padre. Había oído historias, había visto fotos (¡qué pelos!, ¡qué delgados estaban por aquel entonces!), había compartido momentos con ellos y con sus respectivas familias. Les tenía un cariño especial. En una de mis últimas visitas a Madrid pude disfrutar de una entretenida conversación con Pepa, la pareja de Perlita y con Gema, la mujer de Bermúdez, después de la actuación de éste en el Teatro Alcázar. Dos grandes mujeres y mejores madres. Por otro lado, no puedo olvidar un fin de semana que pasamos de acampada, las mujeres y los hijos de ese grupo de amigos, condenados a verse calvos entre envite y paso a pares. Iván, mi acompañante en esa escapada, adivinó el ingrediente secreto de los cigarros que rulaban por las tiendas. Perlita y Bermúdez parecían muy duchos en la materia.
Siempre que mi padre hace referencia a “aquellos maravillosos años” habla de las fiestas de Nava de la Asunción, pueblo de Segovia donde nació. Sé qué fue una época muy bonita, con un significado especial para él, a tenor de la expresión de su cara al mencionarla. Me pregunto qué pensarían mí abuela, Petra y Jesús, de aquellos melenudos, con pintas de dandis de barrio, que invadían su casa y volaban de miedo delante de los toros, a la vista de los curiosos vecinos. Corrían los años 70 y en España se intuían cambios. Los primeros aires de libertad los respiraron en la Pedriza, Mario, Carlos, Ana, Carla, José Antonio, Andrés, Javier, Sandra, Borja y Galo, todavía no éramos proyectos.
Desde aquí me gustaría felicitar a una pareja de ellos que han dicho “Sí, quiero”, delante de un señor juez. Me he emocionado al ver que los mismos tipos que aparecían en una foto tomada en el año 1970, apareciesen 41 años después para acompañar en un día tan especial a su amigo Perlita y a su mujer Pepa.
La partida de mus de los lunes es el homenaje que rinde este grupo de amigos de toda la vida del barrio a la amistad. Yo sólo puedo decir, “lo veo”.
Palabra: amistad.
Sir Francis Bacon dijo “La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”.
