martes, 13 de septiembre de 2011

¿Quién dijo 13? Yo sé de una...

Miro desde la ventana, veo un horizonte que no tiene límites. ¿Dónde acaba esta ciudad? Quizás sea verdad eso de que Shanghai no termina nunca, ni en dimensiones ni en esencia. La gran metrópoli de China absorbe como ninguna otra ciudad en la que había vivido, te envuelve hasta que te deja sin respiración. Muchos son los que ya han vuelto, otros muchos los que se quedarán aquí una larga temporada. Los días pasan al ritmo de los coches de alta gama que recorren la ciudad. Vuela, el tiempo no tiene botón de ¨pause¨, y ¿qué se hace en estos casos? Un respiro puede ser suficiente, puede que no lo sea. Queremos sentirnos vivos, disfrutar de cada momento, pero a esta frenética ciudad le gusta concentrar nuestras experiencias. Aquí el número se antepone ante cada uno de sus habitantes. Despierta, ya es un nuevo día y mi mente no ha parado de trabajar. Ya es martes, de nuevo.

1933 Shanghai, otro rincón para anotar. Un espacio de arte en el presente cuya actividad a principios de siglo era un matadero. Restaurado hasta convertirlo en un laberíntico escenario con forma de plaza de toros y puentes alejados de la uniformidad para espantar a las aves. Como siempre en China, detrás de un lugar pintoresco, hay un restaurante o varias tiendas de decoración de alta gama. Nos recordó a un edificio similar que visitamos en Seúl junto con Inés y Emilio, también podría ser una bonita galería de arte. Por el momento, poca gente y mucho encanto. Veremos en qué se transforma.

No todos los martes son iguales, hoy especialmente no lo es para mi. Martes 13, sí, mi día de la buena suerte. El destino es caprichoso (o tal vez tenga que decir que mi hermana lo es) y un día como hoy tenemos mucho que celebrar. Hace tres años te hice un regalo que siempre recordaré por lo que compartimos días después, hoy es diferente, pero no menos especial. Pronto podré tirarte de esas orejitas! 我想你!

Palabra: felicidades

Cita: ¨La perfección no se alcanza cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar¨. Antoine de Saint-Exupery.

jueves, 25 de agosto de 2011

Me encantan que los flanes salgan bien


La bandeja de entrada de nuestros correos recibe a menudo invitaciones para los miles de eventos que se organizan en Shanghai. Los hay de todos los tipos. Gastronómicos, deportivos, culturales y de entretenimiento. Para todos los gustos y colores, edades y nacionalidades. En función de la empresa que lo organice, recibimos ¨invitaciones¨, con todo lo que su significado implica, otras veces meros panfletos publicitarios. Shanghai, con sus 21 millones de habitantes y las múltiples iniciativas que surgen bajo el continuo foco de un desarrollo acelerado, es el escenario de lo mejor y lo peor.

No solo nosotros, también nuestras cuentas de correo perciben la llegada del fin del verano. Las vacaciones terminan, la gente vuelve a sus trabajos y los eventos se multiplican. Por nuestro trabajo e interés, solemos hacer acto de presencia en cualquiera de las variedades de catas (maridadas o no) y eventos de la Cámara Oficial de Comercio de España. ¿Si en estas actividades hay chinos? En las catas, falta espacio para más. Les gusta probar, valorar y relacionarse (al mismo tiempo que se dejan ver). La temporada ha empezado y aquí se descorchan las botellas necesarias para hacer negocios.

¨I need Spain¨, ese es el lema de la iniciativa del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Me too… todo hay que decirlo. Con el propósito de potenciar la imagen de España en el exterior, Ferrán Adriá se ha dejado ver esta semana por China. Primero fue Shanghai, donde la sala del Gran Meliá estaba abarrotada por todos los que quisimos aprender un poco más de su arte vanguardista, luego Beijing y ahora Hong Kong. El año pasado, España fue uno de los tres países con mayor turismo del mundo. ¿Será nuestra gastronomía lo que mejor nos vende?

Quizá, por otro lado, nosotros hemos vendido un trozo de China, “El Queserío”. Hace algunas fechas despedimos a la que ha sido nuestra última visita en Shanghai, hasta nueva orden. Dos buenos y viejos amigos, Matías y Miche, se acercaron, por decirlo de alguna manera, para vernos, ponernos al día y pasar un par de semanas juntos. Hubo tiempo para todo; reímos, bebimos, esperamos un poco, hicimos turismo, volvimos a esperar y todo ello bajo un ambiente excepcionalmente húmedo. Las duchas eran una pérdida de tiempo, un alivio efímero para las camisetas, que no pararon de entrar y salir de la lavadora. Sin embargo, lo mejor siempre llegaba por la noche. Los poros de nuestros ilustres invitados se dilataban tanto que emanaban tal cantidad de líquido salado procedente  de todos los rincones de su cuerpo que acabaron durmiendo en una cama de agua. 


  
La noche de Shanghai es canalla, pecaminosa (¡ay si la vieran los peregrinos que invadieron Madrid!), con tiburones entre rusas de metro ochenta largo y carente de un lugar y de un barman que te sirvan un ron como mandan los cánones. Sin embargo, sobran Hustlers. Siempre dispuestas a iniciar una conversación, siempre sedientas y siempre esperando a que pague el amigo occidental de turno. No habrán ido a la universidad, pero conocen la noche tanto como Steve Jobs las aplicaciones absurdas que vuelven dependientes a sus usuarios.
Fue bonito sentir que el tiempo no había pasado y que hay cosas que van para largo.
Miche, Matías, nos vemos pronto. Y no olvidéis, “del queserío, me fío”.

Palabra: supurar

¨Buscar la seguridad es a la larga la estrategia menos segura¨, Anónimo.

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